Martes, 28 de Junio de 2011 11:24

'Midnight in Paris' o el viaje a los ideales

Redactado por Gloria Damiá
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Para quién suscribe, tratar con objetividad una película de Woody Allen resulta dificil. Mi afición a sus neuras, gracias y paranoias me aleja de ella. Es curioso lo que pasa con este director, genera filias y fobias en idéntica medida, y no conozco a casi nadie que no vaya con cierta idea preconcebida a ver sus películas. Los que lo aborrecen usan el argumento de la repetición: los mismos chistes, los mismos tics de tarado, sus hipocondrías, etc…y a los que nos gusta confiamos en que no nos defraude, y vuelva a estar a la altura de sus obras maestras de los 70 y los 80. Así que ya sea por manía o por exigencia, sus últimas entregas se han calificado de menores y han señalado el ocaso del autor. Dicho esto, quiénes nos reconocemos “allenistas”, y por tanto un poco alienados, nos produce mucha satisfacción comprobar que el genio sigue en forma.

 

Midnight in Paris” cuenta la historia de Gil Pender, un guionista mediocre de Hollywood que sueña con ser escritor y que le encantaría haber vivido en el París de los años 20. Pender está pasando unos días en la capital francesa junto a su prometida y los padres de ésta, y ha de regresar a Estados Unidos para contraer matrimonio, pero los planes se tuercen cuando empiezan sus viajes nocturnos a través del tiempo, dónde conoce a sus ídolos intelectuales y artísticos de aquella época.

 

A priori este argumento rocambolesco, que podría haber caído fácilmente en lo ridículo, se transforma en una agradable historia, bien contada, y ese es el mérito del filme. Woody Allen se puede permitir el lujo de hacer que un personaje vaya y venga del pasado subiéndose a un coche a medianoche en una esquina de la ciudad, y lo hace con absoluta naturalidad, confundiendo realidad y fantasía.

 

Para ello emplea un guión ingenioso y ágil, con una estructura narrativa fresca y un protagonista (Orson Wilson) que para mi sorpresa, está muy bien como “alter ego” de Allen. No diría lo mismo del resto de los actores, que en ocasiones caen en la excesiva caricaturización de los personajes. Esa visión esteriotipada de los mitos y de la ciudad de París, es quizá lo peor de la película. Aún así la historia atrapa, envuelve y termina seduciendo. El prólogo sin palabras-al estilo de “Manhattan”-nos augura un agradable paseo por la ciudad. Los hoteles de cinco estrellas y las preocupaciones de alta sociedad (“una ostra rancia la ha dejado en la cama”, dice un personaje) nos alejan de nuestros problemas cotidianos, y  nos sumergen en otra vida. Es un recurso muy parecido al que empleó en La Rosa púrpura del Cairo”, en dónde el  protagonista salía de la pantalla y se introducía en la vida real.

 

Ese juego entre realidad y ficción, en este caso con elipsis temporales, es difícil de resolver y el director lo logra contando una historia sin pretensión de genialidad, incluso con cierta simpleza narrativa y técnica.

 

Fiel a su estilo, se mueve entre lo cómico y lo trascendente. Consigue que nos riamos al tiempo que nos hace reflexionar sobre cuestiones que algunos nos hemos podido plantear: ¿fue otro tiempo mejor que éste?¿vivo en el sitio y en el momento adecuado?¿estoy siendo quién de verdad quiero ser?. Al protagonista se le da la oportunidad de viajar hasta sus sueños para huir de sus dudas, y comprobar cómo sería su vida ideal. 

 

Al compartir esos viajes nos planteamos si es mejor ser realista o vivir pegado a los sueños, si tenemos que desprendernos de nuestros deseos, o si lo utópico y la fantasía son necesarios. A mi modo de ver la película formula todo un discurso sobre la nostalgia y los ideales. Si abusamos de ellos nos pueden paralizar o incluso engañar, pero si los empleamos en su justa medida nos pueden inspirar, impulsar o renovar.

 

Con la certeza de estar ante una película de Woody Allen, mejor que no vayan quiénes esperen algo distinto, pero es recomendable para los que se identifiquen con el lenguaje del autor, y compartan esa visión de la vida entre pesimista y fantasiosa. Es fácil que salgan del cine con una sonrisa y una especie de conformado optimismo…tal vez la vida que nos toca vivir sea bastante aceptable, siempre que añadamos unas  dosis de entusiasmo y romanticismo...Vamos que mejor viajar a nuestros sueños, pero sin quedarnos en ellos demasiado tiempo, no vaya a ser que nos perdamos la lluvia de Paris…

 

Gloria Damiá

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