Miércoles, 26 de Enero de 2011 09:09

Edward G. Robinson sentó las bases definitivas del gánster cinematográfico

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Nació el 12 de diciembre de 1893 en Bucarest (Rumania). Representó como na­die la imagen del gánster y gozó de un enorme prestigio hasta su muerte. Sus marcados rasgos, voz ca­racterística y peculiares gestos hicieron de él una de las personalidades más em­blemáticas del viejo Hollywood. Había emigrado con su familia a los Estados Unidos y comenzó a trabajar de abogado, hasta que descubrió su verdadera pasión por la interpretación.

 

Tras estudiar arte dramático, se enrola de gira con una compañía, debutando en Broadway con éxito. Comienza entonces a aparecer en películas y con Hampa dorada consigue el estrellato, sentando las bases definitivas del gánster cinematográfico con su papel de Rico. Tras una serie de personajes de esa misma catadura, comenzará a humanizar su imagen ya en los años cuarenta, siendo el entrañable vagabundo de Seis destinos, el agente de seguros de Perdición o el infeliz que se deja manejar por una malvada  Joan Bennett en La mujer del cuadro y Perversidad.

 

A partir de los años cincuenta, será un secundario de lujo en films de prestigio como Los diez mandamientos, Dos semanas en otra ciudad, El premio o El rey del juego, su último gran papel. Trabajó hasta el final de sus días, intercalando cine y televisión. Se le concedió un Oscar honorífico en 1972. Falleció el 26 de enero de 1973 en Hollywood, Ca­lifornia (EE.UU.).

 

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