Jueves, 02 de Diciembre de 2010 13:17

'Biutiful es para mí una reflexión acerca de nuestra breve y humilde permanencia en esta vida'

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Entrevista a Alejandro González Iñárritu, director de Biutiful.

¿Por qué ha decidido cambiar la forma de rodar y narrar con Biutiful?

Después de recorrer el mundo con Babel, pensé que ya había explorado bastantes líneas múltiples, estructuras fragmentadas e historias entrecruzadas. Cada parte se rodó en un idioma distinto y en un país diferente. Cuando acabé Babel, estaba tan agotado que pensé, deliberadamente,  que mi siguiente película tendría un único personaje, con un solo punto de vista, transcurriría en una única ciudad, con una línea narrativa directa y en mi propio idioma natal. Haciendo una analogía musical, si Babel había sido una ópera, BIUTIFUL sería un réquiem, un adagio… y si, aquí estoy.  BIUTIFUL es todo lo que no había hecho hasta ahora: una historia lineal cuyos personajes mueven la historia dentro de un género inexplorado para mí: la tragedia.

¿Que pretende con Biutiful?

BIUTIFUL es para mí una reflexión acerca de nuestra breve y humilde permanencia en esta vida. Nuestra existencia, tan rápida como el parpadeo de una estrella, sólo nos revela su inefable brevedad al sabernos cerca de la muerte. A últimas fechas he pensado en mi propia muerte. ¿A dónde vamos? ¿En qué nos convertimos cuándo nos morimos? En la memoria de los otros. Esta es la angustiante y vertiginosa carrera contra el tiempo que Uxbal enfrenta. ¿Qué hace un hombre con sus últimos días de vida, se dedica a vivir o a morir?  Si, tenía razón Kurosawa cuándo decía que nuestros sueños de trascendencia eran eso, una ilusión. Sin embargo, desde un principio yo no estaba interesado en hacer una película sobre la muerte, sino una reflexión sobre la vida y dentro de la vida mientras inevitablemente la perdemos.

La sociedad moderna padece, entre muchas otras cosas, de una profunda crisis de tanatofobia. Por eso mismo, sabía que la contradicción formal y temática de intentar un poema sórdido acerca de un hombre iluminándose mientras cae en el oscuro pozo de la muerte sería un reto. Digo contradictorio porque mientras la espiral interna de Uxbal necesitaba ir hacia el interior y lo espiritual, la urgencia de esta nueva realidad social y política de Europa estiraba su espiral externa hacia el lado contrario.  Los noticieros nos reportan a diario estadísticas de cientos de miles de personas muertas y explotadas dentro de estos panales humanos que se han formado en los suburbios de todas las ciudades europeas. La vertiginosidad y vacuidad de estas noticias nos tiene sedados y sin la capacidad de metabolizar la dura realidad de los pobres, los inmigrantes, los siempre invisibles.   Al visitar en 2007 Barcelona, el personaje de Uxbal me dijo que pertenecía a ese mundo. Para mí, la individualización de una sola de estas realidades valía la pena el viaje.   Para lo que nosotros es una realidad extrema y al límite, para ellos es sólo la naturaleza de su existencia y la ordinariedad de su día a día.   Muchos de los personajes no son actores y de hecho han tenido una vida semejante o paralela al mundo de la película, pero ¿como nació todo esto?  

¿Como surge la idea y cuando decide llevar esta historia al cine?

Mis películas siempre nacen a partir de algo muy vago, retazos de una conversación, la visión fugaz de una escena por la ventanilla del coche, un rayo de luz o notas musicales. BIUTIFUL empezó una fría mañana de otoño de 2006 mientras preparaba el desayuno con mis hijos y puse un CD del Concierto en Sol Mayor para Piano de Ravel. Unos meses antes, había puesto el mismo concierto mientras íbamos en coche desde Los Ángeles al Festival de Cine de Telluride. Las vistas en la zona de los “Four Corners” eran espléndidas, pero cuando acabó la pieza de Ravel, los dos niños se echaron a llorar a la vez. La melancolía, la sensación de tristeza y belleza que desprende la composición les conmovió. No pudieron resistir ni explicarlo; sólo lo sintieron. Cuando volvieron a oír las notas del concierto aquella mañana, los dos me pidieron que lo quitara. Se acordaban claramente del impacto emocional que les había producido la música. Esa misma mañana, un personaje llamó a la puerta de mi cabeza y me dijo: “Hola, me llamo Uxbal”. Iba a vivir con él durante los tres años siguientes. No sabía lo que quería, quién era ni dónde iba; era escéptico y lleno de contradicciones. Pero seré honrado y reconoceré que sabía cómo presentarle y cómo acabar con él. La vulnerable imagen de un hombre en cuclillas visitando al proctólogo se clavó como un clavo en mi cabeza. Sí, sólo tenía el principio y el final.

No fue hasta un año después, mientras andaba por el barrio de El Raval en Barcelona cuando todo cobró sentido. Barcelona es la reina de Europa. Es maravillosa, pero como cualquier reina, también tiene un lado mucho más interesante que la obvia y, a veces, aburrida belleza burguesa que admiran los turistas y suele plasmarse en postales. Desde los 17 años, cuando recorrí el mundo trabajando a bordo de un barco de carga limpiando pisos, me fascinan los barrios escondidos que nadie ve, me tocan. Me refiero al diverso, complejo, marginal y multiétnico nuevo mundo de reciente creación en Barcelona y en la mayoría de grandes ciudades de Europa. Era imposible imaginarlo cuando fui por primera vez a Barcelona a los 17 años. Pero supe de inmediato que Uxbal pertenecía a este lugar, a la comunidad ecléctica y vibrante que está cambiando la forma del mundo.

La película se ha rodado en barrio de El Raval en Barcelona ¿Por qué?

Durante los años sesenta, Franco apoyó la emigración a Cataluña de cientos de miles de personas procedentes de toda España en un intento de romper la cultura catalana y reforzar la prohibición de hablar catalán. En medio de una tremenda recesión económica, personas de habla castellana, en su mayoría de Extremadura, Andalucía y Murcia, se convirtieron en emigrantes en su propio país. Se les ordenó vivir en un extrarradio de Barcelona llamado Santa Coloma y se les llamó “charnegos”, una palabra despectiva para describir a los emigrantes pobres y a sus hijos. Con el auge económico de los ochenta y noventa, los “charnegos” empezaron a dejar Santa Coloma y fueron sustituidos por emigrantes procedentes del mundo entero. Aunque El Raval, también conocido como “Barrio Chino”, es famoso por ser el barrio más diversificado de Barcelona, me enamoré de Santa Coloma y la cercana Badalona. En esas dos zonas conviven en paz senegaleses, chinos, paquistaníes, gitanos, rumanos e indonesios; cada uno sigue hablando su idioma sin necesidad de integrarse a la cultura española. Y para ser sincero, tampoco parece que la sociedad esté muy interesada en integrarlos.

Son barrios aún sin pasteurizar. Son humanos, huelen, tienen textura y contradicciones. Son un auténtico ejemplo de convivencia y comunidad, y  tienen el ADN de una ONU perfecta. Las migraciones y mezclas raciales que antes tardaban 300 años en fraguarse se han realizado en apenas 25 años. Obviamente, el proceso no tiene lugar sin dolor o tragedia. Cada año, cientos de africanos mueren en su intento de alcanzar la costa española. Son imágenes duras de ver. Cada día se leen artículos en los periódicos acerca de emigrantes chinos explotados en toda Europa.

Sólo en el Reino Unido hay un millón de chinos, tal como indica Hsiao-Hung Pai en su libro Chinese Whispers: The True Story Behind Britain’s Hidden Army of Labor (Susurros chinos: la auténtica historia del escondido ejército de mano de obra británica). Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, la gente no va a Europa para fundirse en una cultura. Todos ellos llegan para sobrevivir debido a una situación extrema en sus países de origen (hambre, desempleo, violencia extrema o todas juntas).

Pero más que el interesante fenómeno político y sociológico que está ocurriendo en Barcelona y otras ciudades europeas, el impacto emocional que me produjo fue enorme. Aunque de lujo y privilegiado, yo soy un inmigrante desde hace diez años, y la conciencia de inmigrante o huérfano geográfico es la misma en todos los que no pertenecemos y por lo tanto estamos alerta. En BIUTIFUL no hay grandes acontecimientos. Solo la individualización de la dura cotidianidad de uno de los cientos de millones de seres humanos que viven todos los días con esa sombra y esa luz.  Al fin y al cabo, cuando una película no es un documento, es un sueño. Y el soñador siempre está solo, de la misma forma que el pintor está solo ante el lienzo blanco. Estar solo es hacerse preguntas (ya lo dijo Godard)… y hacer películas es contestarlas.

¿Como escribió el guión? ¿Fue difícil dar forma a los personajes?

Escribí una biografía meticulosa de cada uno de los personajes. Incluso de los personajes chinos y africanos. Todos debían tener un pasado, una razón de ser, y no simples personajes utilitarios. Lo hice para conocerlos bien y para ayudar a los actores a entender de dónde procedían. Uxbal nació de padres “charnegos” y forma parte del 10% de castellanohablantes que se quedaron en Santa Coloma. Los emigrantes no le son extraños. Creció con ellos. Trabaja con ellos. Cruzar el barrio un domingo es una experiencia física, espiritual y emocional. Se ven grupos de gitanos cantando en la calle, mientras unos musulmanes rezan en el parque o difunden sus oraciones a través del altavoz de una pequeña mezquita, y una iglesia católica está llena de fieles chinos. Quería que la historia fuese ese tipo de viaje físico, espiritual y emocional.

Desde mi visita a Barcelona, mi subconsciente empezó a dictarme la historia de forma compulsiva. Mi hija María Eladia me contó que cuando muere una lechuza, escupe una bola de pelos. Aquella noche soñé con esa imagen. Y todo empezó de otro modo. Vi a Uxbal como alguien lleno de contradicciones: un hombre con una vida tan ocupada y complicada que ni siquiera puede morir en paz; que protege a los emigrantes de la policía, pero que los explota. Un hombre de la calle con un don espiritual que le permite comunicarse con los muertos y guiarlos hacia la luz… pero que cobra por hacerlo; un padre de familia con el corazón roto y dos hijos a los que ama, pero con los que pierde la paciencia; un hombre del que todos dependen y que depende de todos; un hombre primitivo, simple, humilde, con una profunda visión sobrenatural.

Un sol rodeado de planetas. Le veía como un sistema físico cuyo cuerpo es la calle, el corazón es la familia y el alma es la búsqueda del padre ausente. Antes de empezar el guión, hice un mapa. Dibujé dos espirales y una línea para definir gráficamente el viaje y el estado mental de Uxbal. Una espiral iba de dentro hacia fuera: su vida cotidiana sin control. La otra espiral iba de fuera hacia dentro: el corazón de Uxbal entrando cada vez más en un territorio profundo. Luego dibujé una línea que unía las dos espirales: el espíritu.

Desde el primer momento que empecé a escribir BIUTIFUL, siempre pensé en Javier Bardem para encarnar a Uxbal. Hace años que Javier y yo intentamos trabajar juntos y pensé que el personaje sería el puente que nos uniría a ambos en el set. Mi estilo y forma de trabajar con los actores no es fácil ni ligero. Me entrego totalmente a cada proyecto y exijo que los actores hagan lo mismo. Me obsesiona la perfección, o al menos lo que considero perfección; es un duro recorrido físico y emocional. Pues bien, introducir a Javier en la ecuación era como juntar el hambre con las ganas de comer… Los dos ansiábamos quedar satisfechos. Javier no sólo es un actor notable, no hay otro igual. Todo el mundo lo sabe. Se prepara de forma exhaustiva y escribe notas muy extensas sobre el personaje que va a encarnar. Es entregado, intenso y también le obsesiona la perfección. Pero lo que convierte a Javier en especial y único es un peso, una gravedad, una presencia imponente en la pantalla basada en su poderosa reflexión y profunda vida interior. No es algo que se aprende; se nace con ello (ángel o demonio).

Uno de los papeles más difíciles de escribir y para el que más me costó encontrar la actriz fue Marambra. Es muy fácil caer en la caricatura a la hora de describir la bipolaridad, un desorden emocional muy complejo, también llamado psicosis maníaco-depresiva. Buscaba a alguien con un espíritu y vibraciones muy especiales. Realicé sesiones de casting por toda España y vi muchas actrices de talento, pero ninguna era realmente lo que buscaba. Seguía sin encontrarla tres semanas antes de empezar el rodaje y estaba a punto de retrasarlo. Pedí se hiciera una sesión de casting en Argentina y descubrí a Maricel Álvarez. La prueba de vídeo fue suficiente, sabía que era ella. Maricel vino a España. Después de pasar 24 horas sin dormir y haber recibido el texto sólo con 24 horas de antelación hizo la prueba más extraordinaria que he visto nunca. También le hice una prueba de cámara en las 12 horas que estuvo en España antes de volver a Argentina. La coloqué delante de una cámara por primera vez en su vida y le pedí imaginara algunas imágenes o circunstancias que yo le sugería, pero que no hiciera nada. Nadie se movía en el set. Un minuto después se me puso la carne de gallina y llenaron los ojos de lágrimas. Era pura alquimia, pura magia. Maricel comunicaba el peligro y la ternura que requería el personaje de Marambra. Lleva años siendo una extraordinaria actriz de teatro con una gama y una profesionalidad difícil de encontrar en este planeta.

En cuanto al papel de Igé, vimos más de 1,200 mujeres en España y México. Encontramos a Diaryatou Daff en una peluquería del centro de Barcelona donde cortaba el pelo. Es senegalesa, y al igual que cientos de mujeres africanas, arriesgó su vida y dejó su país en busca de trabajo para poder mantener a su familia. No ha tenido una vida fácil; la casaron a los 15 años con un hombre de 50, según una tradición senegalesa en la cual el tío materno escoge al marido de su sobrina. Huyó de ese hombre violento y acabó casándose con un joven con el que tiene un hijo. Su situación económica era desesperada y decidió ir a España a buscar trabajo. Cuando le di el papel, hacía más de tres años que no veía a su hijo. Trabaja día y noche para mantener no sólo a su marido e hijo, sino a otras 30 personas que dependen del poco dinero que puede mandar a Senegal. Diaryatou siempre tuvo miedo de perder su puesto en la peluquería.

Según se desprende de la película las personas depresivas no son pobres…

Mi padre decía que los trabajadores con salarios bajos y los taxistas no se deprimían. “Es un lujo reservado a los ricos”, me dijo. La vida no les deja morir. Y así es Uxbal: un hombre desesperado, solo, que busca al padre que no conoció.

Después de acabar la primera versión del guión, decidí pedir a los escritores Armando Bó y Nicolás Giacobone que participaran en el proceso. La escritura no es un proceso desconocido para mí, pero sé por experiencia que al escribir el guión, que corresponde a una etapa temprana y muy técnica de la película, la colaboración puede aportar resultados magníficos. Armando Bó es un famoso director de publicidad al que conozco desde hace años. Nicolás Giacobone es su primo, un escritor sensible y con talento que ha escrito varias historias cortas y está a punto de publicar su primera novela. Ambos son jóvenes, talentosos y seguidores impenitentes de la liga argentina de fútbol. Aportaron una inocencia y frescura especial al guión. Era la primera vez que colaboraban en un guión, pero no creo sea la última.

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