Entrevista con Stephen Billington, protagonista en la película La posesión de Emma Evans ¿Cómo conseguiste el papel de Christopher? Hice dos pruebas. En ese momento yo estaba haciendo un Shakespeare en Shropshire, en el Ludlow Castle. Interpretaba a Lord Capuleto de "Romeo y Julieta". Así que volví corriendo a Londres, sobre todo la segunda vez que me llamaron. Les llevó un tiempo decidirse, creo que buscaban a alguien en concreto para el papel pero, afortunadamente, se decidieron por mí. Después conocí a Manu, nuestro director, que es fantástico. Nos entendimos muy bien y el proyecto siguió adelante. Pase casi dos meses en Barcelona y ha sido genial. Me gusta interpretar personajes con una parte oscura, que tengan problemas. Algo que haga a la persona más compleja. Christopher no solo es un sacerdote católico si no que es un sacerdote renegado. Le han echado de la Iglesia por culpa de su pasado. Todas estas cosas le convierten en un personaje interesante. - ¿Cómo construiste el personaje? Es curioso, Manu y yo opinábamos lo mismo de Christopher. En mi formación interpretativa siempre pensábamos mucho en la biografía del personaje y yo siempre escribo una biografía para cada personaje que interpreto. Así, tengo una idea de dónde viene. Cuando empecé a ensayar, Manu se presentó con la biografía que había escrito de Christopher. Me gustó mucho porque ningún director lo había hecho antes. Hablamos sobre porqué Christopher tiene esta complicación y esta parte oscura. Hablamos un poco sobre el tipo de obras benéficas que hace, que a mí me parecía algo evidente, pero me hizo pensar un poco. Manu me aportó esta clase de cosas al principio. Como por ejemplo, que fuera entrenador de un equipo de fútbol desfavorecido. Son estos pequeños detalles que hacen al personaje diferente. - Describe la relación entre Emma y Christopher. Emma y Christopher tienen una relación muy cercana porque Emma también se siente desterrada. Se sienten identificados él uno con el otro. Ella no se siente parte de la familia, no tiene muchos amigos, no se siente como los otros chicos porque no va a la escuela, estudia en casa. Creo que es un aspecto que comparten. Christopher se siente un desterrado, ve que Emma también y viceversa. Además es su tío y se preocupa mucho por ella, y eso provoca que haga lo que hace, algo sorprendente y espero que sobrecogedor. -Cuéntanos como comenzó el rodaje para ti. Fue raro y poco habitual empezar el rodaje con la primera escena del guión. No lo había hecho antes. Cuando llegué al plató, estábamos a unos 32º y con los focos estaríamos a unos 40º. Me paseé la escena entera sudando. Tenía que decir una frase en español que no se me quedaba. Ahora me la sé de pe a pa: "Sofía, escúchame un momento, por favor. Es demasiado pronto. Por favor, no se la lleve. Piense en su hija". Han pasado casi dos meses y me acuerdo pero ese día no me salía. No fue un día fácil. -¿Cómo fueron las escenas del hospital? Las escenas del hospital fueron difíciles para todos, porque eran 9 escenas. Grabamos hasta las cuatro o las cinco de la mañana. Todos estábamos cansados y notábamos que habíamos trabajado muy duro. Hubo una escena en particular del hospital, que no llega al minuto y medio, pero nos llevó seis horas de grabación. Y para Richard Félix fue lo peor porque su escena fue la última y, en ese momento, estábamos agotados. El crematorio era un sitio fascinante, con una atmósfera muy extraña. Fue mi primera escena emotiva con Sophie. Me gustó mucho, me dejó asombradísimo. Hizo una interpretación brillante que facilitó mucho las cosas. - ¿Y la escena de la cena?. ¿Tuvo muchas dificultades? Sí, la escena de la cena es difícil para Emma porque es la primera vez que la vemos poseída fuera de la habitación del exorcismo. Rodamos la película a la vieja usanza, no hay muchos efectos creados por ordenador. Lo hemos rodado todo. Por ejemplo, cuando aparece con las lentillas blancas no ve nada, está ciega y es un poco raro para ella. Lo hizo genial. El momento del vómito nos impresionó mucho tanto a Richard como a mí. La gran escena final está llena de efectos, de especialistas y, puesto que la película está hecha con métodos de la vieja escuela, tuvieron que traer máquinas a plató, las revistas volaban por los aires, los espejos y las paredes se rompían, los especialistas tenían que lanzarse, caerse o estrellarse sobre la mesa... Para rodar esta escena que eran unos cinco o seis minutos, necesitamos cinco días. Había muchas cosas en la escena que tenían que quedar bien. Para mí, el reto fue empezar a filmar la escena el martes y acabarla el lunes siguiente e intentar mantener la continuidad. Intentar recordar dónde estaba, qué había pasado y conseguir el mismo estado de ánimo para que al juntar la escena, pareciera real. -¿Como preparaste la escena del exorcismo? No estaban en el guión pero tuve que aprenderme oraciones de exorcismos. Por suerte, están todas en Internet, las memoricé y tuve muchos recursos para aplicarlos a esa situación. - ¿Qué tal ha sido trabajar con Manuel Carballo? Lo mejor de trabajar con Manu es que está abierto a las nuevas ideas, a los cambios en el diálogo, le gusta improvisar parte de las escenas y eso era muy necesario por el tipo de escenas que eran. Necesitábamos un poco de libertad y él nos la proporcionó, lo que lo hizo todo mucho más fácil, nos divertimos y nos dio la sensación de haberlo conseguido. - Resume tu experiencia en el rodaje de esta película La verdad es que no he tenido muchas dificultades durante la película, ha sido genial. Es un equipo fantástico y el reparto también lo era. Me ha encantado trabajar con Manu que, como he dicho, es una persona abierta a las ideas de los actores. Para mí fue importante poder ir un poco a mi aire. Cuando trabajas con un guión que se ha escrito en español y luego se ha traducido al inglés, hay ciertas frases que no funcionan. Manu nos ha apoyado muchísimo con los cambios necesarios del diálogo que hemos tenido que hacer para que el discurso fluyera. Ha habido retos, siempre los hay, pero no ha sido un rodaje difícil. Todo el mundo nos lo ha puesto muy fácil y ha sido un gustazo.
