Entrevista con David Michôd, director de Animal Kingdom
Estuvo ocho años escribiendo y trabajando en otros proyectos ¿Cómo surge la idea de rodar Animal Kingdom?
Volví a Sydney y escribí el primer borrador de Animal Kingdom, pero casi nada de lo que ahí había, permaneció en la versión final del guión. Quería hacer una gran historia, sobre el mundo del crimen y la delincuencia en Australia, una historia que tuviera varias capas, con un reparto que pusiera de manifiesto como el crimen y la delincuencia se filtraban constantemente dentro de la sociedad y estaba siempre presente entre nosotros, a pesar de no darnos cuenta. Con frecuencia, escuchaba que se trataba de una idea demasiado ambiciosa para una ópera prima, al tener múltiples localizaciones y personajes, algunos de los cuales no aparecían hasta la mitad de la historia, mientras que otros brillaban intensamente durante las primeras 30 páginas del guión, para luego desaparecer. Siempre quise que en cada parte de la historia destacaran algunos personajes, hasta que pasaran el testigo a otros.
¿Por qué eligió Melbourne?
Melbourne era el lugar ideal para situar la historia de Animal Kingdom. Quería filmar Melbourne de un modo en el que pocas veces se la había visto, como una ciudad muy fotogénica con arquitectura Victoriana, preciosos jardines y tranvías. Melbourne es un lugar inmenso, aterrador y un caos urbano que me encanta. Quería dirigir una película en la que, al contrario de lo que ocurre en las películas de crímenes de, por ejemplo Quentin Tarantino, o Guy Ritchie, fuera tomada en serio y tuviera lugar dentro de un mundo oscuro y asqueroso, y que a pesar de
todo ello, continuara siendo poético y bonito.
La película gira en torno a J. ¿Qué quiere mostrar al espectador?
J es esencialmente nuestro guía, quería que la historia se desarrollara en un tiempo en el que los criminales se dan cuenta de que sus actividades ilegales cada vez resultan menos rentables, lo que precipita una crisis. Después de cometer este doble crimen el mundo de los Cody se derrumba. Relatar estos eventos a través de J era el modo perfecto para adentrarnos en su mundo. Nunca quise que Animal Kingdom fuera una película exclusivamente sobre un chico, sino sobre alguien que se siente fuera de lugar, dentro de un mundo del que puede
salir muy mal parado.

