Jueves, 03 de Marzo de 2011 08:54

'La alegría cohabita con la desgracia más intensa'

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Entrevista con Brillante Mendoza, director de la película 'Lola', uno de los estrenos de esta semana en cines

 

Debutó como director en 2005. Desde entonces ha rodado

nueve películas, ¿a qué se debe este ritmo desenfrenado?

 

Es como si redescubriera un deseo profundo enterrado desde hace años. Siempre quise ser cineasta, pero socialmente no tenía la menor posibilidad de penetrar en el entorno. Trabajé como director artístico en televisión, cine y publicidad durante unos diez años. Me gustaba mucho, ganaba dinero, llevaba una vida agradable y pensaba seguir, pero un buen día un amigo me propuso rodar una película, Masahista, para vídeo. Acepté inmediatamente. El guión giraba alrededor de una historia corriente y estaba lleno de lugares comunes. Lo reescribí, y esos fueron mis primeros pasos como realizador.

 

Se interesa sobre todo por las películas sociales muy alejadas de la publicidad…

 

Como publicista, vendo ideas. En mis películas cuento historias. Y quiero que sean lo más auténticas posible, lo más cercanas a la vida real, a mí y a mi entorno. Y, sobre todo, que transcurran aquí y ahora. No hace falta ir muy lejos para encontrarlas. De niño siempre sentí curiosidad. Me encantaban las historias del barrio, escuchar lo que decían los adultos en el autobús. Observar a la gente sigue aportándome placer. Es muy probable que las historias que cuento sean variaciones de las que oí de niño.

 

¿Le frustraba no poder contar historias?

 

No, no era una cuestión de frustración, sino más bien la necesidad de expresar mi energía. Hay una espontaneidad en el rodaje de una película que no sentía en la publicidad. Para mí es importante contar historias sin tener que esperar.

 

En cada película hace un retrato de Manila…

 

Es una ciudad repleta de pequeñas historias que interactúan y que dibujan, con trágica ironía, el destino de sus habitantes. La alegría cohabita con la desgracia más intensa y con la lucha diaria por sobrevivir; y el sentimiento religioso raya en una forma de inmoralidad. La ironía está íntimamente ligada al carácter ambiguo y contradictorio de la vida. Y es lo que quiero enseñar al espectador para que tenga una mejor comprensión de Filipinas. Puede que a veces los habitantes sean corruptos, pero resisten al mismo tiempo. De hecho, no todos los países reciben mi cine del mismo modo.

 

En general, ¿cuánto suele durar uno de sus rodajes?

 

Son bastante rápidos. Me documento a fondo, entrevisto a la gente para alimentar las historias. A la hora de rodar, todo está preparado, decidido, he hablado con los actores largo y tendido. Un rodaje puede durar entre uno y dos meses.

 

¿Qué método utiliza para rodar en medio de la muchedumbre?

 

Primero determinamos con precisión el lugar donde van a estar los actores. Todo está pensado antes de llegar a la calle. Sin embargo, me gustan las sorpresas, me gusta que lo previsto no funcione, que nos veamos obligados a adaptarnos a una nueva situación.

 

Sus películas están construidas con numerosos planos, aunque LOLA es menos epiléptica. ¿Cómo concibe el montaje, la construcción general de la película?

 

La historia está muy definida, y la estructura de la película, construida en el guión. No empiezo a rodar sin un guión perfectamente estructurado. Luego, ruedo mucho para tener la posibilidad de mezclarlo todo en el montaje: las escenas, las situaciones y los personajes. Es un trabajo que me entusiasma.

 

¿Acaba con mucho material rodado?

 

Muchísimo, por lo que el montaje es un proceso lento. A veces soy el único en conocer las tomas debido a la cantidad, y eso no facilita la labor del montador.

 

A menudo corta un plano en el momento en que la película se vuelve melodramática. Incluso puede ser brutal.

 

Obviamente, es intencionado. Las historias en sí ya son lo bastante melodramáticas, no hace falta añadir más. Quiero enseñar la situación del modo más honrado posible. Las abuelas de LOLA son conmovedoras por sí solas. Pero no es una película acerca de ellas, sino acerca de los acontecimientos que viven en un momento preciso. La emoción nace

de la situación.

 

¿Se le ha llegado a reprochar una cierta sequedad?

 

Claro. Algunos espectadores están más acostumbrados a los melodramas filipinos tradicionales, más líricos, que se apoyan en las emociones. Puede que mis películas les aburran al ser demasiado parecidas a lo que es su vida. Nuestra humanidad puede pesarse en la balanza de la justicia. En LOLA, un crimen pone a prueba la fuerza y la fragilidad de dos ancianas. Una demuestra ser débil y la otra, fuerte. Se mantiene el equilibrio de la humanidad y, al igual que en la naturaleza, sobrevive el más adaptado. Pero el valor de los seres humanos está gobernado por la escala social.

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