Lunes, 11 de Julio de 2011 09:01

Encuentro con Alix Delaporte

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Entrevista con Alix Delaporte, directora de la película El amor de Tony

 

¿Cuál ha sido tu trayectoria hasta llegar a “El amor de Tony (Angèle et Tony)”?

 

Empecé como periodista en la agencia Capa pero desde el principio supe que quería aprender el oficio de filmar. Era algo difícil de conseguir en una agencia tan grande y más si contamos con las cámaras Beta que pesaban casi 16 kilos!

 

Más tarde, a raíz de mis trabajos,  - en las noticias de M6, en Sutio Gabriel donde hacía los perfiles de los invitados y en el programa de Michael Druker – entré en Canal Plus. Allí estuve dos años preparando y presentando los perfiles de los invitados del show Nulle Part Ailleurs. En esta misma época fui admitida en la Fémis, Escuela Superior de Imagen y Sonido, en el taller de guión que duró dos años.

 

En el verano de 1998 trabajé para Canal Plus durante el Mundial de Futbol realizando los perfiles de los jugadores. En este periodo conocí a Zidane a quien convertí en un habitual de Canalsat. Al final, hice un DVD sobre su carrera, una experiencia increíble porque tuve total libertad. Le pedí a JeanLoius Trantignant  que pusiera voz al texto escrito por Grégoire Margotton, periodista deportivo de Canal+ y así surgió de alguna forma mi primera dirección de actores.

 

¿Y el cine propiamente dicho?

 

En 2003 tenía escrito un cortometraje y Roschdy Zem me dijo: “actuaré en tu corto si me consigues una camiseta de Zidane”. Yo cumplí mi parte y él me presentó a Pascal Caucheteux a quien  le gustó  el guión  desde el principio.

Finalmente Hélène Cases con Why Not Producciones  produjo “Le piège”. En 2006 hice otro,  “¿Cómo frenar cuando vas cuesta abajo?”, ya con Clotilde Hesme…

Y así encadené experiencias  que no tenían conexión entre ellas, a veces tenía la impresión de ir en todas las direcciones sin un rumbo fijo. No fue  hasta el  segundo cortometraje cuando comprendí que estaba adquiriendo las bases de mi ser como realizadora.

 

¿Cómo nació el proyecto de “El amor de Tony (Angèle et Tony)”?

 

Yo quería contar una historia de amor, un sentimiento muy fuerte que no habían experimentado antes los protagonistas. Quería asistir a ese momento, que nos emocionáramos con ellos, que sintiéramos su deseo, que nos importara y que nos afectara.

Angèle llevaba mucho tiempo en mi cabeza, su historia, su personalidad, pero el personaje se hizo real cuando imaginé que se enamoraba de un pescador.

 

Fue como un recuerdo de mi infancia. Cuando era pequeña pasé mucho tiempo en Normandía, cerca del mar. Mi madre y mi abuela nacieron no lejos de Port-en-Bessin donde rodamos la película y allí  disfrutaba de misNOTA: archivos complementarios y fotografías disponibles en vacaciones, rodeada  todos los días de pescadores a quienes veía como personajes románticos. Gente que pasa la mayor parte de su tiempo en el mar, aislados en cierta forma del mundo real, pero fuertes hasta ser capaces de enfrentarse a un gobierno. Tenía las imágenes en la cabeza, los pescadores enfrentándose a la policía, los encontraba fascinantes.

 

Y bajo este influjo trabajamos Claire, (la directora de fotografía) y yo: había que magnificarlos, que hacerlos héroes, retratarlos en su día a día pero mejorarlos con la luz, gracias a los filtros que eligió Claire pudimos dar dulzura a sus rostros.

 

¿Cómo elegiste a los actores?

 

Ya había trabajado con Clotilde en mi segundo cortometraje y resultó ser una muy buena experiencia, así que  podía parecer claro que de escribir un papel femenino se lo daría a ella. Pero no fue así de directo, es posible  que  tuviera miedo de su gran belleza, entonces comencé un casting que duró tres meses.

 

Vi chicas sencillas, realistas, un poco sobre la idea que uno se hace de una chica que acaba de salir de prisión. Sin embargo al final me di cuenta de que Clotilde, si, era muy guapa, puede que un poco mayor para el papel, pero entre las actrices que había visto no encontré ese aire infantil que ella si posee y le hace tan peculiar. Además, era ella con quien quería rodar. Y al final su belleza ha dado otra aire al personaje que yo había imaginado, una dimensión más romántica.

 

Sabía además que  era una actriz a la que podía pedir más, que tenía su confianza para hacerlo. Clotilde trabaja duro y propone cosas de gran valor que mejoran su personaje, además, siempre está dispuesta a arriesgarse. Es gracias a ella que el personaje de Angèle ha ido tan lejos.

 

¿Y Grégory Gadebois?

 

La elección de Grégory  Gadebois  también  vino  dada  mientras escribía. Le había visto en una obra de Martin Crimp, junto con Clotilde y le encontré fascinante, sexy. Él es como el muro contra el que quería lanzar a Angèle, y eso es lo que hizo en la película. Él es como una roca.

 

Me decía a mi misma todos los días que si los espectadores, como tales, querían al final estar entre sus brazos, eso sería haber hecho las cosas bien.

 

Grégory tiene una autonomía para actuar muy importante para un director. Él ha hecho a Tony gracias a detalles como el anillo que compró antes de venir al rodaje. Además es aficionado a las motos y me ayudó a elegir una para su personaje. Todo lo demás vino rodado, siempre sabía dónde iba y tuve la sensación que él conocía a Tony mejor que yo.

 

La escena de amor, ¿representó un reto para los protagonistas?

 

Si soy sincera, sentía  muchas ganas  pero también cierto temor. Clotilde y Grégory son muy buenos amigos, fueron juntos a clases en el conservatorio  y en cuanto vieron todo lo que había en la película, pronto empezaron a hablar NOTA: archivos complementarios y fotografías disponibles en de esa escena. Grégory hablaba de “cascadas”, refiriéndose a todos los momentos más íntimos entre ellos e inevitablemente a esta escena la llamó “la gran cascada”. Creo que no pasó un solo día en que no pensáramos en ella, siempre la teníamos en mente como un desafío para todos, ellos  que tenían que interpretarla delante de mí y para por ser mi primera escena de amor…

 

El día de rodar todo el mundo estaba tenso. Yo había decidido que rodaría sobre un solo eje, en plano secuencia. Para el montaje podría representar un riesgo pero estaba segura de mi misma, o mejor dicho, estaba segura de ellos…. Al final fue muy bien. Después de esta experiencia, nada nos afectaría ya, ni una tormenta en plena mar.

¿Y los demás actores?

Un equipo de rodaje es como un equipo de futbol, hace falta mucha unión y química entre ellos. Yo le doy importancia al lado humano; por ejemplo sabía que Lola Dueñas sería como el rayo de luz, tanto dentro de la historia, como fuera en el rodaje. Y es cierto, cada vez que le veíamos era un alegría, pero no solo verla, también entenderla: su acento es maravilloso, como un soplo de aire fresco en la maratón de un rodaje. También me impresionó cómo disfruta de lo que hace con los demás. Puede ser por eso que  siempre  he sentido cierta debilidad por los  actores de teatro, tan habituados al juego en equipo; y en juego incluyo cierta noción infantil de placer. Es como si no existieran por separado. Y parte de esto es lo que te hace olvidarte de la fatiga de un rodaje.

 

¿Tenías alguna noción de escenografía?

 

Buscaba cierta simplicidad.  Algo muy particular y que apliqué desde el principio, nada de artificios que quitaran protagonismo a los actores. La película rechaza todo tipo de efectos y creo que esto nace de los personajes. Angèle y Tony no hablan mucho, aunque ella es más extravagante, dice muy poco sobre sí misma. Ambos son muy púdicos y su pudor es el que ha impuesto en cierto modo la simplicidad en la forma de rodar y en el resto de trabajos: el montaje, la iluminación, etc. Básicamente todo aquello que hubiera podido marcar una intención visible por mi parte fue rechazado por la propia película.

 

Me digo, no olvides la acción, no dejes un personaje en el aire sino dale un problema que deba resolver. Quiero que el espectador se implique y que quiera, como yo, seguir al personaje.

 

¿Cómo ha sido el trabajo con Claire Mathon, tu operadora jefe?

 

Sencillo, trabajamos en equipo. Compartimos muchas cosas, todas las tardes, en el hotel, trabajábamos y trabajábamos. Repasábamos el guión, pero sobre todo  hablábamos de sentimientos. Ya en set de rodaje, nunca le dije: “pon la cámara aquí o allí”. Yo ponía a los actores en escena, les veía ensayar y poco a poco encontrábamos el mejor sitio para capturar la emoción de ese instante.

Dónde poner la cámara, cómo actuar o dónde poner el micro era el trabajo de mi equipo, yo solo te puedo hablar en términos de emociones.

Sin embargo guardo algunos actos reflejos relacionados con mis primeras experiencias profesionales. Por ejemplo mi impaciencia en plató es uno de mis defectos. En el rodaje, al inicio de cada nueva secuencia hay un momento de inercia que me mete en un estado de impaciencia difícil de soportar para el resto del equipo.

 

¿Qué nos dices de la producción de la película?

 

Quería hacer esta película con Hélène Cases (y su joven productora Lionceau Films) por que ya tenía la experiencia previa de los cortos producidos con ella, pero también porque este proyecto suponía para  Hélène su primera incursión en el cine independiente y fruto de coincidencia hubo cierta unión que no se ve en productores más experimentados. Además, ella llevaba más de 15 años en Why Not, y tenía una gran experiencia en producción.

 

También es la primera película de Louise Decelle como montadora. Para Clotilde y Gregory eran sus primeros papeles protagonistas. Mathieu Maestracci nunca antes había compuesto para cine y esta primera experiencia es aplicable a muchas personas del equipo.

 

Tenía ganas de esa adrenalina, esa parte que  todos tenían en juego, eso daba resonancia a mi propia necesidad. Era una oportunidad de dar a la película, en su propia creación, la urgencia que yo buscaba en la historia de Angèle y Tony.

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