¿Qué fue lo que despertó su interés de este proyecto?
Contrariamente a la mayoría de los thrillers y películas de espionaje, este guión poseía una dimensión humana y una espiritualidad que me parecieron emotivas. Es muy raro que se te ofrezca un thriller que añada tanta importancia a los aspectos internos del ser humano.
¿Le pareció difícil la idea de encarnar a un oficial del KGB ruso?
Para serle sincero, jamás pensé en el personaje como un oficial del KGB”. Lo que me pareció interesante de él fue su deliberada determinación a cambiar el mundo y su singular postura, a caballo entre Occidente y el Bloque soviético. Como consecuencia, no presté atención a los detalles que le hacían pertenecer al Servicio Secreto, sino más bien a cómo un ser humano puede llegar a influir en el curso de la historia.
¿Cree que Grigoriev contribuyó al cambio del mundo?
En los tiempos en que esos acontecimientos tuvieron lugar, la confrontación ideológica entre el Este y el Oeste estaba en su punto más crítico. Situado a caballo de esas dos ideologías, quizá Grigoriev no hizo tanto como cambiar el mundo, pero fue una de esas figuras que, desde el corazón del sistema, contribuyó a que éste implosionara.
¿Cuál es su opinión acerca del modo en que la película retrata la CIA?
La película realmente evidencia el cinismo y la crueldad de los servicios norteamericanos de inteligencia, que no dudaron un instante en sacrificar a Grigoriev, pues necesitaban a una víctima: acudieron en ayuda de otra gente implicada en el affaire, pero ni siquiera trataron de salvar a Grigoriev. Se trataba de un testigo embarazoso. Y ello revela claramente la fría funcionalidad de los servicios de inteligencia occidentales.
Su personaje es una figura rebelde, cautivado por la poesía francesa y Léo Ferré. ¿Le conmovió este aspecto del personaje?
No conozco demasiado la poesía francesa, ni tampoco a Léo Ferré, pero albergo gran respeto por ambos. No obstante, me identifico de verdad con este tipo de temperamento romántico.
Ésta ha sido la primera ocasión en que ha trabajado con Guillaume Canet. ¿Cómo ha ido?
Tenemos personalidades del todo opuestas. Aunque finalmente se demostró que ello era positivo para el film. Lo cierto es que, de un modo sistemático, tratábamos de encontrar juntos las mejores soluciones.
Los dos son directores de cine. ¿Creó esta circunstancia cierta complicidad entre ambos en el plató?
Pese a que ambos tenemos nuestra propia idea de cómo dirigir, el hecho de que los dos seamos directores nos ayudó mucho a respetar las instrucciones de Christian Carion. Ambos somos bien conscientes de lo que significa realmente “dirigir a actores.”
Ha trabajado en dos idiomas extranjeros. ¿Representó ello algún problema?
Fue lo que me fue más difícil durante el rodaje. Aunque, a decir verdad, también me pareció del todo interesante la oportunidad de rodar en dos idiomas; se erigía como todo un desafío. Aunque el ser músico ayuda, pues para hablar idiomas extranjeros, hay que tener oído musical. Claro está que dispongo de ciertas nociones básicas de francés y ruso, pero no puedo sostener una conversación en esos idiomas.
¿Cómo dirige Christian Carion a sus actores?
Valoro en verdad su dirección artística. Christian posee mucha autoridad y sabe perfectamente lo
que quiere. Dicho esto, deja a los actores suficiente espacio como para que maniobren a voluntad, y siempre se muestra abierto a dialogar con los demás. Así que, a fin de cuentas, resultó bastante sencillo seguir sus indicaciones.

