-La relación entre Ilmari y su madre no es la que tiene cualquier hijo. Alcanza cotas casi de posesión que vuelve incluso turbia la historia. ¿Es lo que pretendía?
Sí. Desde luego es una relación muy marcada por el afán de posesión, los celos y el amor obsesivo. Pero no nos la planteamos en términos incestuosos, aunque es verdad que uno de los personajes apunta indirectamente, y de forma maliciosa, a esta posibilidad. El amor es una emoción compleja e intensa, incluso cuando no hay un componente sexual manifiesto.
-El amor mal entendido puede derivar en consecuencias trágicas e imprevisibles. Es un sentimiento complicado de controlar…
Sin duda. El amor es irracional y cuando golpea lo hace con fuerza. Por eso es fácil perder el control cuando estamos dominados por él.
-Precisamente esa relación tan compleja exigía un gran trabajo de los actores, en especial de quien interpreta a Ilmari. ¿Cómo resultó la experiencia de rodar con ellos? ¿Qué indicaciones les dio?
Antes de dirigir esta película, ya conocía a Elina Knihtilä, que interpreta a la madre, y a Samuli Niittymäki, que hace de Ilmari, y lo cierto es que escribimos sus papeles pensando en ellos. Elina es una de las actrices más famosas y respetadas de Finlandia, y Samuli, a pesar de su juventud, también es un intérprete con experiencia que en la actualidad trabaja en el Teatro Nacional de Finlandia. Los dos se conocían, con lo que su colaboración fue muy fácil y cómoda. Sí que hablamos sobre sus personajes y también hicimos ensayos, pero en mi opinión los dos comprendieron muy bien —de modo intuitivo— sus respectivos papeles. Durante el rodaje propiamente dicho, organizamos el trabajo de tal manera que los actores disfrutaran de la mayor libertad posible. Por ejemplo, rodábamos de forma cronológica y a base de tomas largas, utilizando dos cámaras. Cuando se trata de actuar, yo creo que estar implicado y mantener la autenticidad del momento son las dos cosas más importantes.
Además de dirigir es la autora del guion. ¿Cómo planteó la historia que narra desde un principio, cómo evolucionó la historia desde la idea original?
Yo escribí la historia junto con el guionista Jan Forsström. Mi idea original era recrear una relación entre un padre o madre y su hijo en la que este último muestra una conducta inequívocamente agresiva, mientras que el progenitor actúa como si dicha agresividad le pareciera bien, llegando incluso a fomentar este comportamiento. Es una idea que se basa en ciertas observaciones y curiosidades mías, por lo que me interesaba explorar esta dinámica. Desde una fase temprana del proyecto, se convirtió en la historia de una madre y su hijo, lo que seguramente le confirió mayor complejidad que si se hubiera centrado en un padre y un hijo. El caso es que los personajes principales estuvieron en buena medida en la raíz del proyecto. Luego fuimos añadiendo los personajes y elementos externos que empiezan a quebrar esa simbiosis tan peligrosa, y de este modo la historia empezó a crecer de forma absolutamente natural.
Muchas de las películas que participan en esta ocasión en nuestro festival proceden del norte de Europa, aunque para muchos espectadores españoles ese cine es todavía muy desconocido. ¿Es capaz de definir el cine que realizan en estos países, o al menos, en el suyo?
Desde luego es difícil dar definiciones, puesto que hay mucha variedad. El nivel cinematográfico de países como Suecia o Dinamarca ha sido tradicionalmente muy alto, pero Finlandia y los demás países nórdicos están empezando a ponerse a esa altura. En cuanto al cine finlandés, es cierto que se suele mencionar el humor negro y/o absurdo. Yo supongo que algo de ello se puede rastrear también en mi película.
Fuente: La seminci
