Viernes, 18 de Febrero de 2011 09:02

'Cisne negro' en un mundo de falsas ilusiones

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El audaz y original director Darren Aronofsky (El luchador, La fuente de la vida, Réquiem por un sueño, Pi: Fe en el caos) sumerge al público en un ficticio y perturbador mundo de falsas ilusiones, dobles apariencias y paranoia en la película CISNE NEGRO, su primer thriller psicológico. Aronofsky elabora una sensual y escalofriante historia en torno a una prima ballerina inmersa en una obsesiva batalla de oscuros impulsos que progresivamente la van devorando. 

 

La actriz nominada por la Academia Natalie Portman (CLOSER) interpreta a Nina, una ambiciosa y joven bailarina de Nueva York que aspira a interpretar el doble papel cúspide de la danza: el delicadamente inocente Cisne Blanco y el seductoramente maligno Cisne Negro del clásico ballet que consagra a las estrellas: “El lago de los cisnes”. Nina consigue el papel, pero no se siente segura de poder encarnar adecuadamente el lado oscuro de la Reina de los Cisnes. A medida que alcanza nuevos logros con su cuerpo, sus fantasías, pesadillas y celos más recónditamente escondidos empiezan a arraigar en las profundidades más oscuras de su mente, lo que motiva un peligroso enfrentamiento con la provocadora recién llegada, su mayor rival. Nina enseguida empieza a sentir una conexión, demasiado perfecta, con el seductor y mortífero Cisne Negro. 

 

Lejos del típico thriller enmarcado en el mundo del crimen o de las casas encantadas, el profundamente realista retrato que Aronofsky realiza de una mujer, desentrañando lo más recóndito de su mente, tiene lugar en el universo más inesperado: el artísticamente electrizante y físicamente exigente mundo del ballet profesional. Para Aronofsky era el lugar idóneo para desarrollar una historia visualmente explosiva sobre la obsesiva presión por alcanzar la perfección. Al igual que en EL LUCHADOR, esta película también le proporcionó la oportunidad de sumergirse en un mundo desconocido y profundizar en lo que provoca que las personas estén dispuestas a sacrificar tanto. 

 

Aunque empezó a pensar en esta historia hace quince años, Aronofsky señala que CISNE NEGRO es intencionadamente un complemento a su más reciente filme, EL LUCHADOR.  Aunque probablemente podría parecer que la lucha libre y el ballet no pueden ser mundos más dispares. CISNE NEGRO se adentra en momentos de puro terror psicológico, a diferencia de todo lo que Aronofsky ha hecho con anterioridad. El vínculo entre ambas películas reside en temas como los límites físicos o la confusión del alma, así como en un singular estilo de realización que transporta al público al fascinante mundo interior de los personajes. 

 

“Algunas personas dicen que el wrestling es la menor de las expresiones artísticas y otras dicen que el ballet es la mayor expresión del arte, sin embargo, esencialmente son lo mismo. Mickey Rourke interpretando a un luchador experimentaba algo muy similar a la bailarina que interpreta Natalie Portman”, señala Aronofsky.  “Ambos son artistas que utilizan su cuerpo para expresarse y ambos tienen miedo a lesionarse porque sus cuerpos son la única forma de expresión que poseen. Lo que me resultaba interesante era averiguar la relación entre las dos historias en lo que a priori podrían parecer mundos sin conexión ninguna”. 

 

Asimismo, ambas películas tienen un nexo de unión en la actuación de sus actores protagonistas, que les exige profundizar más allá de la superficie, dice Aronofsky, quien compara el nivel de compromiso de Portman con el de Rourke. “El personaje de Nina es muy distinto a lo que ha hecho Natalie anteriormente”, señala Aronofsky, “y su actuación está a otro nivel. Encarnar a Nina suponía tanto una proeza física como de interpretación”. 

 

Los desafíos de realización que implicaba CISNE NEGRO también fueron muy similares a los que supuso la particularmente intensa producción de EL LUCHADOR, incluso quizás más complicados. Tan hermético como el mundo de la lucha libre profesional, Aronofsky descubrió que el del ballet incluso podía resultar más marginal y cerrado para los ajenos a él.

 

Y después estaba el entrenamiento que Natalie Portman tuvo que realizar para interpretar unas escenas de ballet tan incandescentemente líricas, pues están llenas de  creciente tensión y malos augurios. “El ballet es algo en lo que la mayoría de la gente empieza a formarse con cuatro o cinco años de edad, y tal y como lo llegan a vivir, transforma sus cuerpos, les transforma como personas. Contar con una actriz que no ha experimentado todo eso para interpretar convincentemente a una bailarina profesional es el mayor de los encargos. Sin embargo, gracias a su increíble voluntad y disciplina, Natalie se convirtió en una bailarina. Le supuso diez meses de enérgico trabajo, pero su cuerpo llegó a transformarse e incluso los bailarines más estrictos se quedaron absolutamente impresionados. Estoy seguro de que el trabajo físico también la conectó con el trabajo emocional”, afirma Aronofsky. 

 

Aronofsky señala que le satisfizo poder disponer de un reparto que podía enfrentarse a tal reto. Los integrantes del reparto, a su vez, se sintieron atraídos por una historia que se transformaba en thriller pero  también en atrevida aventura a través de la súbita ascensión y aterrador declive de una bailarina. 

 

Aronofsky, por fin, tuvo la posibilidad de expresar la visión de CISNE NEGRO que tenía desde hacía diez años gracias a un guión de Andrés Heinz: un drama oscuro que transcurría en Broadway, donde se creaba una peligrosa rivalidad entre una actriz y su misteriosa sustituta. Aronofsky se sintió intrigado, pero tras haber sido testigo de la terriblemente dura formación como bailarina de ballet de su hermana, quiso cambiar el contexto inicial por el estreno de una compañía de ballet en Nueva York. Esta modificación le condujo a la creación de los personajes de Nina y Lily, dos competitivas estrellas del ballet en ascenso, dispuestas a sacrificar absolutamente todo por conseguir la actuación perfecta. 

 

Aunque estaba comprometido para muchos años, Aronofsky siguió desarrollando el proyecto con Mark Heyman (coproductor de EL LUCHADOR).

 

Fue una ocurrencia de Aronofsky unir la idea original de Heinz con la historia que narra el ballet más popular del mundo, “El lago de los cisnes”, un cuento que narra un dramático duelo entre la inocencia y la maldad. Mientras tanto, Aronofsky estaba trabajando también con Heyman en la creación del macabro e innovador giro que generaba la historia. En el borrador final, los elementos clave de “Cisne Negro” –cisnes, demonios, encantamientos y dobles personalidades– se entrelazaban con la mente de Nina, fraccionándose en fragmentos, como en una especie de kaleidoscopio psicosexual, que convertían a una ingenua joven en una criatura peligrosa y absolutamente transformada. 

 

“Darren y yo llevábamos años hablando de hacer un thriller sobre el mundo del ballet”, rememora Heyman.  “Lo que yo hice fue encajar la trama de ‘El lago de los cisnes’ por completo en el borrador inicial del guión. Eso lo cambió todo y se convirtió en el punto de partida de una moderna historia neoyorquina sobre la dualidad, la doble personalidad y el miedo a que alguien o algo se apodere de tu vida”. 

“La historia se transformó en el miedo de Nina a perder todo lo que ella es”, prosigue Aronofsky.  “Eso es algo con lo que yo creo que todo el mundo puede identificarse, pero esos temores dominan tan absolutamente a Nina que consiguen hacer que no distinga su realidad del personaje que está interpretando”. 

 

Cuando el guión definitivo llegó a ser un mundo en sí mismo, Heyman afirma que resultó cada vez más difícil enmarcarlo dentro de un género. ¿La historia era una inmersión al terror biológico ya que una mujer se transforma en un cisne-demonio? ¿O era el apasionante retrato de una artista tenaz que pierde el control mental bajo máxima presión?  Heyman espera que la respuesta sea ambas cosas al mismo tiempo.

 

“Mis películas favoritas siempre son difíciles de catalogar”, dice Heyman. “Esperamos que CISNE NEGRO sea una de esas películas. Que asuste al público pero que también se introduzca bajo su piel de una forma duradera”. 

 

El proyecto atrajo rápidamente a un equipo de producción que incluía a Mike Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin. “Para Darren, este filme supone un territorio inexplorado pero también familiar. Por un lado, para él es completamente nuevo el elemento de thriller psicológico, que es algo que efectivamente no había hecho antes, sin embargo, también mantiene un intenso realismo con su atención a los detalles, el estilo de la cámara y la forma en que trabaja con los actores para lograr interpretaciones absolutamente realistas”, afirma Franklin.

 

Oliver añade, “Si has visto sus películas, sabes que Darren no hace nada de forma habitual. Al igual que en EL LUCHADOR los

espectadores sentían de verdad cómo es la vida de un luchador maduro, en CISNE NEGRO Darren escarba profundamente en el mundo de una bailarina, mientras va construyendo un suspense psicológico con toques de fantasía”. 

 

La productora ejecutiva Jennifer Roth dice de la película, “CISNE NEGRO no es simplemente un thriller o una película de baile. Engloba todos esos diferentes aspectos y transita hasta un oscuro pero fascinante lugar”.

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