La cinta de Pedro Aguilera, que compite en Sección Oficial, es “una propuesta arriesgada y con una fuerte carga simbólica” con la que trata de profundizar “en un África mucho más interesante”
La inmigración ilegal es uno de los problemas actuales que más debates y contradicciones suscitan entre los españoles y, por eso, se ha convertido también en uno de los temas más recurrentes de nuestro cine. Sin embargo, lo que Pedro Aguilera ha buscado en su ‘Naufragio’ ha sido precisamente “romper con el cine de inmigración social y con los clichés y tópicos que tienden a retratar a los inmigrantes como un bloque” y, por el contrario, centrarse en una “historia individual”.
Así, lo ha asegurado el director vasco, en una rueda de prensa junto al productor de la película, José María Lara, y los actores Solo Touré, Julio Perillán y Ruth Armas, en la que han presentado la película que compite en Sección Oficial de Sevilla Festival de Cine Europeo.
‘Naufragio’ es, en palabras del director de ‘La influencia’, una cinta “arriesgada” en la que Aguilera se desprende del purismo de su anterior largometraje y apuesta por un enfoque “mucho más loco y surrealista”, donde el simbolismo cobra especial importancia. En este sentido, ha explicado Aguilera, es todo una alegoría que se manifiesta hasta en los más pequeños detalles, como en la manera de comer sofisticada y educada que tiene el protagonista (Solo Touré) frente a la imagen ruda de los españoles.
Para reflejar este simbolismo, el director juega con “el desequilibrio y el desorden” y concede total libertad al director de fotografía. “Siempre me gusta experimentar, no quiero tener miedo a equivocarme”, ha apuntado.
En realidad, la idea de la película surge como una reacción a la obra de Daniel Defoe, ‘Robinson Crusoe’ que desde el punto de vista de Aguilera es “una novela cateta, reaccionaria y colonialista”. Así, en ‘Naufragio’ adapta el nombre del personaje principal, Robinsón, pero con un viaje inverso, “un viaje existencial y místico”, de un individuo que naufraga frente a las costas de Almería.
Claro que Robinsón no es como el resto de inmigrantes subsaharianos. Su mente está repleta de voces y espíritus que le confunden y, para liberarse de ellas, tendrá que matar a un hombre.
Por tanto, no trata de contar la historia de “ de un pobre desgraciado que viene a ganarse el sustento, que es la perspectiva paternalista desde que lo solemos ver aquí” sino que se centra en un hombre “con fuerza, poder, casi una especie de deidad que busca la pureza”, ha afirmado el director.
El director, según ha recalcado, ha tratado de profundizar “ en un África que a mí me parece mucho más interesante”, la de esos países con culturas animistas y basadas en la magia, como Togo, Benín o Nigeria, en los que los rituales mágicos tienen una fuerte presencia y transforman la realidad de las personas.
Para encarnar este personaje eligió a Solo Touré, un albañil de Guinea Bassau que, como ha contado durante la presentación, ya había hecho un corto con José María Lara, tras presentarse al casting después de ver un anuncio en televisión. Aguilera confiesa que cuando lo vio sintió una “ fascinación total por él”, aunque el actor ha dicho bromeando “ el trabajo en la película ha sido casi tan duro como el de la construcción”.
