Lunes, 22 de Noviembre de 2010 08:26

'Alamar' son setenta y tres minutos de terapia sensorial

Redactado por Marcos Sáez
Valoración
(1 vote)

La lluvia de la gris mañana gijonesa marcó la rueda de prensa de Alamar, un telón de fondo bien distante del clima tropical de la película pero, según su director "proveedor de grandes espacios de cine y espacios verdes, paraíso natural".

El director mexicano empezó explicando que en Alamar habla de "un momento muy fugaz, la infancia, y la nostalgia de algo que me hacía ver colores y texturas de una forma que ha desaparecido, y que busco recuperar en esta película".

Una visión de la historia marcada por la visión primitiva de la infancia: "no creo en un paraíso ingenuo. Quería retratar un perfil de este entorno como visto a  través de un niño. De niños no vemos el peligro, no tenemos el miedo que tenemos de adultos". 

Una ausencia de prejuicios a la hora de enfrentarse al mundo que lleva al autoconocimiento. "El paraíso está en nosotros mismos, en la hamaca en la que dormíamos por la noche, cuando todo estaba bien, y el viento y las olas nos arrullaban". La falta de ataduras queda patente en la vida que se retrata en Alamar. González Rubio destaca, precisamente que "los pescadores aprecian mucho su libertad, no están atados a los preceptos de la sociedad".

Los desastres del progreso

Sobre los tintes ecologistas que parecen invadir la película, el director habló sobre el enorme desarrollo hotelero de esa zona de México, en la que vivió, y su impacto en el ecosistema, y sobre el estrés que le causa ver "los desastres del progreso".

Alamar es una huida de todo eso. "Quería un lugar más virgen", comenta González Rubio, pero se desmarca de la línea dura del ecologismo: "es una comunidad de pescadores, que mata para subsistir, no sé si esto es ecologista". "La pesca es un retorno a una actividad tradicional, muy básica. Algo humilde y artesanal", añadió.

En relación a sus proyectos venideros, González Rubio confesó que, aunque podría rodar con más presupuesto, prefiere un equipo pequeño: "la energía creada por un equipo de dos personas es una complicidad muy especial que no quiero perder".

El mar, un abismo sentimental

Sus próximos proyectos comprenden una película que hará "con el apoyo del Hubert Bals Fund del Festival de Rotterdam. En enero regreso a trabajar en el campo. Se llama La sombra del árbol. También tengo otro proyecto en Japón, con un premio del Festival de Nara, que consiste en ir a filmar una película allí. Será un "no-documental" como Alamar".

Un juego entre realidad y ficción que González Rubio explica: "Natan es hijo de Jorge, Jorge estuvo casado con Roberta. Banco Chinchorro existe. La separación es real. Lo que no estaba en su historia (y quería explorar) era ese abismo entre los dos, el mar. En realidad viven cerca el uno del otro. Luego hay otras cosas más metafísicas que propició la puesta en escena: la bandera, por ejemplo".

Una película propiciada por sus personajes: "en Jorge hay un gran magnetismo, y me identifico mucho con su historia. Era algo que quería explorar, las relaciones familiares y el fin del amor". Y sin embargo, Alamar es una película que huye del melodrama. Según el director "el conflicto está fuera del cine cuando se encienden la luces. Alamar son setenta y tres minutos de terapia sensorial".

Fuente: www.gijonfilmfestival.com 

Agregar comentario


Real Time Web Analytics