Lunes, 14 de Noviembre de 2011 09:00

Gerardo Herrero dirige un thriller centrado en la División Azul

Redactado por Marcos Sáez
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‘Silencio en la nieve’ es un thriller; lo que la hace diferente de otras películas del género es que la historia se centra en la División Azul (voluntarios que se alistaron después de la Guerra Civil Española, con el único objetivo de combatir contra el Ejército Rojo) durante la Segunda Guerra Mundial y en el frente ruso.

 

Dirigida por Gerardo Herrero, ‘Silencio en la nieve’ cuenta con la interpretaciones de Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Jordi Aguilar, Víctor Clavijo, Francesc Orella, Sergi Calleja, Adolfo Fernández y Andrés Gertrúdix entre otros.

 

El estreno en cines de 'Silencio en la nieve' se producirá el próximo 20 de enero.

 

La producción

 

Al comienzo de la novela de Ignacio del Valle  hay una frase contundente que nos define no solo la novela, sino que nos acerca a las razones que nos llevan a hacer una película como “Silencio en la Nieve”: “Si aquí ya no importan los vivos, imagínese los muertos”.   Una frase que define el estilo de película y  nos sitúa de golpe y porrazo en una realidad cotidiana dura,  de hombres que han abandonado la esperanza, en un mundo donde nada parece tener sentido.

 

La lectura de la novela nos hace encontrarnos a un protagonista,  inmerso en esa desazón que propicia el cruel entorno, pero  que no ha perdido la esperanza y quiere hacer bien su trabajo. Ese hombre, que tendrá que buscar la lógica en el entorno de lo ilógico para encontrar a un asesino, precisamente, donde todos conviven con la muerte y pueden ser asesinos, es otra razón para encarar un filme como este.  Todo ello contado con la intensidad, la pasión, la tensión y el pulso de la buena novela negra: un thriller en estado puro.

 

Y es que a partir de material tan intrigante, con protagonistas bien retratados, inmersos en un momento de la historia española poco documentado y nada transitado por nuestra cinematografía, el impulso de llevar esta historia al cine se hace irrefrenable. El resto ya es el trabajo: conseguir los dineros, buscar los apoyos, encontrar los decorados, y sobre todo, elegir a los profesionales idóneos: actores en estado de gracia,  un guionista inspirado, como Nicolás Saad,  un director de fotografía como Alfredo Mayo fascinado por la nieve, y en general un gran equipo humano al que más tarde se unirá Lucio Godoy para darle la carne musical al relato.

 

El rodaje

 

Por una vez, el clima acompañó la aventura. Afortunadamente para la película, no tanto para el equipo. Rodar con temperaturas de – 25º es duro.  El primer día tuvimos que retrasarnos porque los aparatos que calentaban las tanquetas y las motos se habían congelado. Hubo que descongelar los descongeladores.  El frio se enseñoreo y se puso gallito. Pero la tozudez hispana venció y finalmente las maquinas se pusieron en marcha, los rifles se desencasquillaron, las tanquetas soltaron herrumbre y pudo comenzar la magia del cine en la nieve.

 

A partir de ese día,  aunque las condiciones,  fueron durísimas., el rodaje tuvo los problemas propios de rodar en paisajes helados y nevados: resbalones, imposibilidad de repetir plano en nieve virgen si ha habido pisadas, vientos heladores que afectan el sonido y, cómo no, las dudas de algunos actores a revolcarse en la nieve o tirarse en el hielo, dudas perfectamente justificadas.  En la película se ve el vaho de los actores cuando hablan: era el vaho natural.

 

El equipo no solo aguantó el tipo, sino que se creció ante la adversidad. En una secuencia concreta, un interior, las temperaturas rozaron los -35ª.  Para quien no haya vivido eso, saber que el frio muerde con saña y cuando te descuidas te posee una placidez de muerte que antecede a la congelación.  Se quedan los pies y las manos como muertas, y poco a poco te domina una languidez de la que no te despiertas…  Quien haya escuchado las aventuras de los alpinistas en el Himalaya, lo comprenderá.

 

Los más expuestos del equipo, decoración, maquillaje, efectos especiales realmente hicieron un esfuerzo que nunca terminaremos de agradecer. De hecho, perdimos a algún miembro del equipo que tuvo que retirarse del rodaje al apreciarse  indicios  de congelación por ese frio que penetraba primero por los pies, utilizaba el sudor del calcetín como trampolín y ya no paraba. En estos retos, cuando el frío te come vivo y te hace ir más lento, es de admirar la dedicación de los actores y del equipo técnico, trabajando con ahínco en una puesta en escena donde no se ahorró  situaciones complicadas, paseos por la nieve, vuelcos de vehículos, explosiones, tiros, carreras por la nieve …

 

Mención especial el trabajo de los actores lituanos, que en algunos casos tuvieron que aguantar repeticiones de tomas en condiciones extremas.

 

En cambio, los interiores que rodamos en La ciudad de la Luz fueron lo contrario, evidentemente.  Temperatura idónea, un espacio ideal para rodar, y el mar tentador enfrente.  Eso es la magia del cine, luego cuesta separar qué se ha rodado en un sitio de otro, y queda la película.

 

Disponer de los tanques y tanquetas, las motos, los carromatos de la época no fue fácil. Hubo que buscarlos por toda Europa y llevarlos hasta Vilnius, en Lituania.  La cara de sorpresa de las gentes que veía pasar esos convoyes de material miliar era digna de versa. No olvidemos que esos países siguen temiendo a su gran vecino, y ver unos cuantos tanques con la estrella roja debió de despertar memorias en más de uno.

 

Sinopsis

 

Frente de Rusia, invierno de 1943. Un batallón de la División Azul se topa con una serie de cabezas de caballos esparcidas sobre la superficie congelada de un lago. Los cuerpos están sumergidos bajo el hielo. Junto a uno de los caballos, el cadáver de un soldado español. Un tajo le atraviesa el cuello de lado a lado, y en el hombro tiene una inscripción grabada a cuchillo: “Mira que te mira Dios”. Los mandos encargan la investigación al soldado Arturo Andrade, (Juan Diego Botto) ex inspector de la policía, que asume la tarea con rigor y profesionalidad, ayudado por el Sargento Estrada (Carmelo Gómez).

Ambos pronto descubren que detrás de este asesinato se oculta una perversa venganza, que se remonta a agravios acontecidos en el pasado, y que no parece que se vaya a detener en un único cadáver. Nadie está libre de sospecha ni nadie puede sentirse seguro. Y así en medio de la cruel contienda, se inicia la caza del asesino, una búsqueda donde hasta el final no descubriremos quien es el cazador y quien el cazado.

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